28 agosto 2007

Irlanda (4) - Cliffs of Moher

Uno de los indispensables en Irlanda son los Acantilados de Moher. En inglés Cliffs of Moher y del gaélico Aillte an Mhothair, los "acantilados de la ruina. Visita obligada para cualquier viajero.







Localizados en la región de El Burren. Son los picos más altos de la isla. Alcanzan una altura de 214 m.



El escenario perfecto de la melancolía, la tristeza y la desesperación.


En ellos podemos ver la torre de O'Brien (O'Brien's Tower), una torre circular de piedra que se encuentra en la mitad de los acantilados.


Muchos practicaron el suicidio desde sus alturas. Es un paraje ideal como último lugar pisado en la tierra antes de lanzarse al infinito. Al descubrir sus curvas y el portento de la naturaleza instalada allí, no me extraña que muchos escogieran esos impresionantes acantilados como escena final de la película de sus vidas.

En mí, el romanticismo, la melancolía… son los sentimientos más evocados en el lugar.

Hace frío por aquí...

La estación más triste en Cliffs of Moher

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La ruta a los inicios


Nubes amenazantes


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Soñando

23 agosto 2007

Irlanda (3) - Doolin

Doolin es la esencia.



Mi mejor amigo me recomendó que pasase por ese pequeño pueblo del Condado de Clare. La lástima fue no poder pasar la noche. No teníamos alojamiento en el pueblo. Me perdí las sesiones musicales nocturnas en los pubs.

Pero tuve la oportunidad de apuntarme a un cocido irlandés en uno de ellos. Y una buena ensalada de salmón.



Tres pubs. El gris de las nubes mirándonos en un lugar semidesierto… hasta que encuentras a la gente dentro del pub y vuelves a captar la esencia de la vida irlandesa.


Doolin es un recuerdo que, posiblemente, a día de hoy, se haya convertido en algo idealizado.



Yo sé que estaba allí, mirándolo todo, tomando fotografías. ¿Cómo detener el instante?


Llamé a Javi, mi colega, a España, para explicarle que no salía de mi asombro. Que estaba allí, lejos de mi país, insertada con cariño en otro tan diferente. Como en una foto fija que nunca debiera volverse sepia.
Hasta siempre...

17 agosto 2007

Irlanda (2) - Dublín

Con una población de poco más de 500.000 habitantes, Dublín (del irlandés Baile Átha Cliath) es la capital de la República de Irlanda.
La ciudad me pareció gris y pequeña en un principio, sin embargo pude constatar después que iba a ser imposible conocerla como se merece en tan poco tiempo.
O’Connell Street me devolvió a la Gran Via barcelonesa y el gris de las nubes me recordaba constantemente el ambiente por lo general triste de las islas británicas.
Atestada de gente, Dublín rezumaba actividad por todos sus poros. Un gran movimiento turístico (jóvenes españoles en cada esquina), me pareció moderna y cosmopolita.
El río Liffey la cruza y le da un ligero aspecto mediterráneo. Su clima templado se caracteriza por inviernos templados, veranos frescos, y una falta de temperaturas extremas. El four seasons in one day se repite en la capital y los chubasqueros y paraguas siguen a la orden del día, sobretodo entre los turistas. Me sorprendió comprobar que los dublineses no suelen darles mucho uso y que caminan desprotegidos bajo la lluvia con normalidad.
Si algo caracteriza a la capital es su juventud: la ciudad es una de las más jóvenes del mundo, sobre un 50% de los habitantes tienen menos de 25 años.
La huella que dejaron artistas como James Joyce, Oscar Wilde, Smuel Becket o Bram Stoker sigue tan viva como siempre.
Con su mezcla de estilo urbano, sus fantásticas zonas verdes, Dublín late con energía a la vez que conserva un ambiente acogedor y relajado. Lo mejor de Dublín es sin duda la hospitalidad de los dublineses y esa sensación que se experimenta de no haber salido de casa.
Nos alojamos en el Mount Herbert Hotel, relativamente cerca del Trinity College. En la habitación nos esperaba la eterna tetera eléctrica, las bolsitas de té, la leche y el azúcar.


Compramos el adaptador para esos enchufes tan raros que usan en Gran Bretaña y comprobamos que en el hotel abundaban los españoles, que llegaban en autocares a mansalva.
Los desayunos irlandeses (tomates fritos, huevo, bacon y setas) nos preparaban para un día de paseos y descubrimientos.
Nos acercábamos al centro en un tren de cercanías, sombrío y muy húmedo, con asientos de tela.



Por la noche, el paseo por Temple Bar era delicioso. Pese a estar atestado, el barrio era sorprendente y había una especie de harmonía en el ambiente.



En un pub muy auténtico, semivacío, nos hicimos con las primeras pintas de Guinnes del viaje. Eso, el primer día de viaje. El último día, que también pasamos en Dublín, nos las tomamos en otro pub, cercano al famoso Temple Bar, mientras sonaban canciones irlandesas y gente de todas las edades cantaba con brío. Algunos bailaban, con varias copas de más y el ambiente era ensordecedor. Javi hacía el play back sin saberse de las canciones y yo me sentía feliz, mientras apuraba mi Guinnes. El Whisky in the jar sonó mientras Javi pedía en la barra. Se giró y me miró, los dos sonreímos. Aquello era Irlanda. La irlanda que se despedía de nosotros el último día con la misma intensidad con la que el primero nos daba la bienvenida.

Los pubs se convirtieron en los sitios más frecuentados por los irlandeses en las épocas más frías por el calor que en ellos se despachaba. Calor esencialmente humano. Repetimos: los irlandeses son lo mejor de Irlanda.



Ni visitamos los sitios más turísticos ni tomamos el bus del tour por la ciudad. Sólo queríamos impregnarnos de la ciudad paseando, ojeando, tomando fotos y comentándolo todo mientras nuestros pasos nos guiaban espontáneamente.
Las caras. La gente. El olor a alcohol en el pub. La música. El calor. El gaélico. El restaurante medio italiano medio español en el que comimos una pizzas insípidas. La humedad. Las nubes. El inglés indescifrable. El mimo actuando en la calle. Las miradas. La extraña conjunción de magia y anochecer. El té en la habitación antes de dormir.
Las calles con el Cul de Sac (del francés y el catalán, las calles sin salida). Aquí me quedaría un ratito.


Dublín no se para... Rinconcitos de lo más fashion en Temple Bar...


Dublín es un regalo. Por cierto...un regalito viajero de Beckett (os lo dejo en castellano):

GNOMO
Pasa tus años de aprendiz derrochando

Valor por tantos años de ir vagando

A través de un mundo que con cortesía

De la torpeza de aprender se libra

08 agosto 2007

Irlanda (1) - Clonmacnoise

El viaje empieza siempre dentro de uno mismo. Es una inquietud. La inquietud que me rondaba desde hace unos años por conocer Irlanda ha podido verse saciada finalmente a mediados de este mes de julio. El día 16 pude pisar por primera vez la isla.
El balance, días después, cuando una ya tiene tiempo de hacer balances, es maravilloso. No sólo por el destino, sino por el conjunto de emociones. Campos y campos verdes poblados por ovejas, el olor constante a musgo de toda la isla, los paisajes indescifrables de Connemara, el pub de Doolin, las iglesias, la tristeza infinita de Limerick, el río Shannon, el pueblecito de Kenmare, los cantos irlandeses, Killarney y el anillo de Kerry, el tren de cercanías de Dublín, la espumosa Guinnes y, sin duda lo mejor: los irlandeses.

Clonmacnoise


Una de las primeras perlas descubiertas en Irlanda por nosotros, fue Clonmacnoise, los restos de antiguo conjunto eclesiástico, situado al sur de Athlone, en el condado de Offaly. Del irlandés Cluant Mhic Nóis (pradera de los hijos de Nós) fue fundada en el 548 por San Ciarán.

Se ubica en lo alto de una cordillera rodeada por el Shannon y está formado por varias iglesias construidas entre los siglos X y XVII, una torre circular, un castillo, tres cruces celta de piedra y muchas lápidas de la época.

Clonmacnoise fue saqueado en muchas ocasiones por enemigos irlandeses, vikingos y anglonormandos. En 1552, los ingleses lo destrozaron completamente reduciéndolo a escombros. Pese a ello, en la actualidad podemos encontrar sus restos excelentemente cuidados, rodeados de un verde y oloroso césped, plagado de tétricas y románticas lápidas, rodeado por el río y por campos privados.
El conjunto cuenta con un museo que alberga una sala para proyecciones audiovisuales, maquetas, algunas de las lápidas y las tres cruces que han sido reemplazadas en su lugar original por réplicas. Una de ellas, la Cruz de las Escrituras (foto) es una de las Tres Cruces Celtas mejor conservadas de Irlanda. El pie y la corona en forma de aro se tallaron alrededor del año 900 d.C. Tiene 4 metros de alto y se erguía al oeste de la catedral. Sus relieves representan escenas figurativas: la Crucifixión, el Juicio Final y Cristo en el sepulcro son algunas de sus escenas de origen bíblico. La escena de la parte inferior de la cara del pie representa a un monje y a un guerrero sujetando un mástil. Se ha interpretado de muchas maneras, aunque muchos suelen coincidir en que se trata del Abad Colman y el rey Flannm quienes erigieron esta cruz y la catedral. Las inscripciones, pese a estar muy deterioradas, parecen mencionar tanto a este rey como a Colmán, quien habría hecho construir esta cruz en honor al primero. Esta cruz muestra los inicios de lo que supuso la evangelización de los Celtas.


El primer impacto visual con el conjunto es sobrecogedor, de pelos de punta. A Javi y a mí se nos abrieron las bocas de emoción. El perfil de la colina, con las cruces y las lápidas recortando el cielo, son casi fantasmales. El escenario ideal para una película de terror y, al mismo tiempo, la mejor escenografía para una historia de amor.
Pese a las nubes, el sol brillaba por momentos y lo mismo hacía calor que volvía el fresquito. Me quité y me puse la chaqueta cien veces.

Además de las Cruces, nos impactaron muchísimo las lápidas, que datan de entre los siglos VIII y XII. Están talladas con cruces de varias formas y la mayoría tiene una inscripción con el nombre de la persona fallecida.


Al oeste del cementerio y muy cerca del río Shannon, se elevan los restos de una fortaleza construida por el Gobernador de Irlanda en 1214. La destrucción de este castillo (foto), que se cree que fue deliberada, se fecha alrededor de 1300.

Impactante fue también descubrir la Torre Circular. Incompleta (se ha perdido su parte superior debido a la caída de un rayo sobre ella en 1135) es un ejemplo de torre de campanario, independiente, típica de las iglesias irlandesas. Fue construida en 1124 por Turlough O’Connor y O’Malone, sucesor de Ciarán.

El conjunto de Clonmacnoise es uno de esos lugares ideales para retroceder en el tiempo y dejarse cautivar por la esencia irlandesa más auténtica. ¿Qué mejor carta de presentación de la isla? Esto era sólo el principio...