El viaje empieza siempre dentro de uno mismo. Es una inquietud. La inquietud que me rondaba desde hace unos años por conocer Irlanda ha podido verse saciada finalmente a mediados de este mes de julio. El día 16 pude pisar por primera vez la isla.
El balance, días después, cuando una ya tiene tiempo de hacer balances, es maravilloso. No sólo por el destino, sino por el conjunto de emociones. Campos y campos verdes poblados por ovejas, el olor constante a musgo de toda la isla, los paisajes indescifrables de Connemara, el pub de Doolin, las iglesias, la tristeza infinita de Limerick, el río Shannon, el pueblecito de Kenmare, los cantos irlandeses, Killarney y el anillo de Kerry, el tren de cercanías de Dublín, la espumosa Guinnes y, sin duda lo mejor: los irlandeses.
Clonmacnoise
Una de las primeras perlas descubiertas en Irlanda por nosotros, fue Clonmacnoise, los restos de antiguo conjunto eclesiástico, situado al sur de Athlone, en el condado de Offaly. Del irlandés Cluant Mhic Nóis (pradera de los hijos de Nós) fue fundada en el 548 por San Ciarán.
Se ubica en lo alto de una cordillera rodeada por el Shannon y está formado por varias iglesias construidas entre los siglos X y XVII, una torre circular, un castillo, tres cruces celta de piedra y muchas lápidas de la época.
Clonmacnoise fue saqueado en muchas ocasiones por enemigos irlandeses, vikingos y anglonormandos. En 1552, los ingleses lo destrozaron completamente reduciéndolo a escombros. Pese a ello, en la actualidad podemos encontrar sus restos excelentemente cuidados, rodeados de un verde y oloroso césped, plagado de tétricas y románticas lápidas, rodeado por el río y por campos privados.

El conjunto cuenta con un museo que alberga una sala para proyecciones audiovisuales, maquetas, algunas de las lápidas y las tres cruces que han sido reemplazadas en su lugar original por réplicas. Una de ellas,

la
Cruz de las Escrituras (foto) es una de las Tres Cruces Celtas mejor conservadas de Irlanda. El pie y la corona en forma de aro se tallaron alrededor del año 900 d.C. Tiene 4 metros de alto y se erguía al oeste de la catedral. Sus relieves representan escenas figurativas: la Crucifixión, el Juicio Final y Cristo en el sepulcro son algunas de sus escenas de origen bíblico. La escena de la parte inferior de la cara del pie representa a un monje y a un guerrero sujetando un mástil. Se ha interpretado de muchas maneras, aunque muchos suelen coincidir en que se trata del Abad Colman y el rey Flannm quienes erigieron esta cruz y la catedral. Las inscripciones, pese a estar muy deterioradas, parecen mencionar tanto a este rey como a Colmán, quien habría hecho construir esta cruz en honor al primero. Esta cruz muestra los inicios de lo que supuso la evangelización de los Celtas.
El primer impacto visual con el conjunto es sobrecogedor, de pelos de punta. A Javi y a mí se nos abrieron las bocas de emoción. El perfil de la colina, con las cruces y las lápidas recortando el cielo, son casi fantasmales. El escenario ideal para una película de terror y, al mismo tiempo, la mejor escenografía para una historia de amor.

Pese a las nubes, el sol brillaba por momentos y lo mismo hacía calor que volvía el fresquito. Me quité y me puse la chaqueta cien veces.
Además de las Cruces, nos impactaron mu

chísimo las
lápidas, que datan de entre los siglos VIII y XII. Están talladas con cruces de varias formas y la mayoría tiene una inscripción con el nombre de la persona fallecida.
Al oeste del cementerio y muy cerca del río Shannon, se elevan los restos de una fortaleza construida por el Gobernador de Irlanda en 1214. La destrucción de este castillo (foto), que se cree que fue deliberada, se fecha alrededor de 1300.
Impactante fue también descubrir la Torre Circular. Incompleta (se ha perdido su parte superior debido a la caída de un rayo sobre ella en 1135) es un ejemplo de torre de campanario, independiente, típica de las iglesias irlandesas. Fue construida en 1124 por Turlough O’Connor y O’Malone, sucesor de Ciarán.
El conjunto de Clonmacnoise es uno de esos lugares ideales para retroceder en el tiempo y dejarse cautivar por la esencia irlandesa más auténtica. ¿Qué mejor carta de presentación de la isla? Esto era sólo el principio...