31 marzo 2007

Quién dudaba...

Mentira lo que dice / Mentira lo que da / Mentira lo que hace / Mentira lo que va.(La mentira) / Mentira la mentira / Mentira la verdad / Mentira lo que cuece / Bajo la oscuridad / (Mentira, mentira, la mentira) / Mentira el amor / Mentira el sabor / Mentira la que manda / Mentira comanda / (Mentira, mentira, la mentira) / Mentira la tristeza / Cuando empieza / Mentira no se va / Mentira, mentira / La Mentira... / Mentira no se borra / Mentira no se olvida / Mentira, la mentira / Mentira cuando llega / Mentira nunca se va / Mentira la mentira / Mentira la verdad. / Todo es mentira en este mundo / Todo es mentira la verdad / Todo es mentira yo me digo / Todo es mentira / ¿Por qué será?


29 marzo 2007

Cuento chino

Analizó el discurrir de la cotidianidad. Comprendió que el sistema nos ha impuesto un modo de vivir que se repite incansablemente día tras día.
La rutina mata. Lo mata todo. Extermina la ilusión.
Quiere una receta que le ayude a detenerla. La receta de la innovación.
Quiere interactuar como solían hacerlo.
Dice: “Foxlander, vuelve”. De repente ahí está. No. No es. Ya no. “Si lees esto… vuelve. Dime que lo entendiste. Si no me lo dices, es que no pisaste esta página. Y me engañaste aquellos días. O quizá te excediste en promesas”.
Entonces el Zorro pasa de largo y no vuelve a Cadaqués a buscar bajo la piedra, cierra el chat, se da la vuelta y se va.



26 marzo 2007

Toma ya...

Entre las dificultades se encuentra la oportunidad
Albert EINSTEIN

19 marzo 2007

El camino

Los Románticos dicen que el camino ya es el destino. Lo menos importante del viaje es el destino. Su transcurso es muy didáctico.
Por la mañana ya ha salido el sol bien temprano. Un sol brillante que ayuda en el ejercicio monótono del desperece.
La calle está viva. A veces hace frío en la moto, en ese trayecto corto hasta la estación, serpenteando entre coches para robarle instantes al tiempo y conseguir llegar unos minutos antes de las nueve. Mi compañera me pregunta qué hacía en el despacho tan pronto. Cómo explicarle que tengo tanto trabajo que a veces no sé ni por donde empezar…
Odio el transporte público. Llevo muy mal eso de aguantar olores corporales ajenos. Me indigna aguantar las pestes de los demás, el que viene sudado, el que no se ducha o la incontinencia gaseosa de algunos son cosas por las que sería capaz de matar. No soporto agarrarme a los postes y tengo que hacer auténticas virguerías para mantener el equilibrio. Apoyar mi mano limpia en un lugar donde la apoya alguien (quién sabe dónde se la ha metido antes) me traumatiza.
Encontrar un asiento vacío es una quimera. Y soportar pisotones y malas caras, el pan de cada día.
En la parada de Sarriá se bajan muchos estudiantes con traje y corbata. Es curioso cómo por su parada de tren puedes hacerte a la idea de la clase social de la zona.
Al pasar por Valldoreix y la Floresta desfilan ante mí torres con piscina, grandes casas, chalets modernos.
Al pisa el suelo de Sant Cugat, la temperatura ha bajado tres grados. Y el paseo hasta el despacho me lleva quince minutos de frío por el centro. Callejuelas pequeñas, con abundancia de bares y comercios de todo tipo. Para los que estamos acostumbrados a la moto, aguantar media hora de pie en el vagón de un tren es una auténtica tortura.
Volviendo al principio, durante el camino se aprenden cosas. Y yo, que la mayoría de mañanas soy incapaz de leer en el vagón, de pie, me dedico a observar y a pensar en el trabajo que tengo que hacer cuando llegue al despacho. Mirar a la gente. Observar a las niñas cotorrear, a muchos leyendo la prensa gratuita, otros adormilados apoyados en el brazo.
El camino de vuelta es mucho más pesado. A las ganas de llegar a casa se le juntan el cansancio y la cabeza como un bombo de datos y cosas pendientes. Es tarde y quiero quitarme los zapatos, darme una buena ducha y comer algo decente.
Las horas pasan. Lo importante es que en el transcurso del camino, acaben por no ser en vano.
Intentando levantar el espíritu en mitad de la lucha que es vivir. Batalla a batalla. Día a día.
Y sin embargo, gracias por el camino. Y porque otro día pasa.

16 marzo 2007

Una ostia

Cada vez tengo más la sensación de que todo aquello que nos callamos nos hace aprender. Siempre he sido más partidaria de escuchar que de hablar. Abrir bien las orejas. La formación periodística me ha pasado factura. Pero aún se me olvida llevar un bolígrafo en el bolso para poder apuntar la cantidad de despropósitos que la vida regala cada día.
Que los silencios hablan por nosotros, eso lo sabemos. Que callada puedo decir más que hablando, está claro. El lenguaje corporal, todas esas situaciones que me provocan un interrogante.
Como estamos aquí pasando, en mitad de un tránsito acelerado… yo me paro boca arriba en el sofá. Y que me dejen en paz. Que todo es demasiado difícil ya para comerme la olla con paridas.
Una ostia, y crezco de la ostia. Las ostias me han hecho madurar a empellones.

15 marzo 2007

A cualquier otra parte

A menudo cambiar de lugar, ir a cualquier otra parte nos da una nueva perspectiva.
Los cambios de visión…
El mundo desde otro ángulo.
Movernos.
No creo que sea el mejor de los mundos. Pero no voy a aprender a aceptarlo.
Cada paso es un progreso. Cada paso es progresar.
Y ahora empieza a gustarme.

09 marzo 2007

Punto de inflexión

Existe un punto del camino, del camino de nuestra vida, en que se crea un punto de inflexión y una se para. Se para para pensar en el sentido. El sentido de todo lo que se hace. Hacia dónde vas, de dónde vienes, qué has aprendido, qué quieres, qué debes…
Y aunque el mañana en realidad no existe, me empeño en pronosticar, planear, prevenir… hasta que se ven venir, en negro o en rosa.
La incertidumbre de no controlar, de querer coger con la mano el fluir del agua.
Hemos crecido mucho. Y crecer significa aguantar, aprender, soportar, madurar a golpe de garrote, adquirir miles de responsabilidades que nos producen vértigo. Una de cal y otra de arena constantemente, sabores dulces y amargos. Levantarse sin lamentarte. Experimentar sensaciones desconocidas. Reaccionar ante la adversidad con entereza. Yo gano hoy. Lo celebro. Pierdo mañana. Desfallezco. Confío. Desconfío. Me desespero. Cierro los puños. Suelto una carcajada. Espero. Me supero. Que la vida aúna rincones oscuros, pasadizos secretos, esquinas concurridas, habitaciones solitarias, salones festivos. Para cada uno una vestimenta, quizá también una careta, un sentimiento, un pañuelo para llorar a escondidas y, sobretodo, un hombro sobre el que sollozar de dolor y de placer.
Será que no quiero ver. A veces cuesta crecer, no ver más lluvia y comprobar el cielo azul a través de este cristal. Será mejor tener cuidado. Será mejor. Tendré cuidado. Sin malgastarme. Sin malgastarla.
Punto y seguido.