16 julio 2008

Primer pedazo de mí (y el carnicero no se va y sigue con el hacha)_

1.

Hoy quería cambiar el mundo
y me quedé en la cama.
Intentaré reír,
beberme las lágrimas…
y no llorar.
Aunque esté muy sola…
Intentaré reírme
y mentiré una vez más.
Intentaré reír,
beberme las lágrimas
Y no llorar…
Aunque se me rompa el cuerpo en trozos
una y otra vez.
Pasar el límite, ver el final.
Abrir el corazón
Tragarme las lágrimas
Ahora que no tengo miedo
puedo irme hacia atrás
y aunque no haya hecho nada
sé que no voy a llorar.
Y no llorar…
No llorar.


2.

La primera mentira:
Es pensar que un día le puedes cambiar
No lo harás y tú lo sabes
Eso nunca lo hizo nadie.
La segunda mentira
es creer que el viento puede traer
aire nuevo y refrescante
Aire que limpie tu sangre
No es verdad.
La tercera mentira
esperar que el tiempo pueda curar
Las heridas de la carne
Las que te haces con los años,
al andar

Bla bla bla bla bla bla
Todo el mundo habla sin parar
y en realidad nada que contar
entre le jefe y tu mamá
no te dejan respirar
Dónde estás
Bla bla bla bla bla bla

Letra Gracias a Javi Moreno y Niños Mutantes


p.d. Sigo recogiendo pedazos...

13 julio 2008

"Estaba de parranda"_

Ahora resulta que, cada cierto tiempo, mi madre tiene que demostrarle al banco que está viva por el hecho de tener 66 años, estar jubilada y, sobretodo, estar cobrando una pensión. A esta aberración la llaman “Control de Vivencia”, o lo que es lo mismo, “¿Seguimos pagándole a esta vieja o con un poco de suerte ya la ha diñao y nos quitamos un gasto?”
Mi madre recibe una carta en la que el ente capitalista se pregunta por su estado y ella se pasa por Babylon System La Caixa a dar fe de que aún sigue en el mundo de los vivos, mal que les pese.
Estas herramientas del mundo para anularle a uno me causan pavor. Si ya se pegan toda la vida reduciéndonos a un DNI, a una nota de corte, a una matrícula de coche o a un número de la Seguridad Social… esto de preocuparse tan a menudo por el estado de salud de una para asegurarse de que deben seguir abonando los restos económicos de una vida de trabajo… es como para quemar todas las putas sucursales. Qué amargura.
Encima de la mala vida que padecen muechos de nuestros mayores por las pagas indignantes que les quedan…resulta que tienen que asegurarse de pasar por la oficina a demostrar que no están muertos y que hubieran querido también estar “de parranda”. Como ellos, a costa nuestra.
Al señor Jaume de La Caixa (todos en La Caixa se llaman Jaume): Mi madre dejó de trabajar hace un tiempo, como conserja de un colegio público en Canyelles (un barrio cercano a Horta). En las fotos puede usted ver una muestra de la despedida que le dedicaron los niños.






10 julio 2008

Yo también puedo_

No puedo cambiar el mundo. (Pero puedo reírme de todo lo que no me gusta, relativizarlo y escapar de la ansiedad que me produce)
No puedo modificar el sistema ni puedo escapar de él. (No me iré a hacer el eremita, no me gustan los monasterios y los Okupas me siguen pareciendo niñatos de papá con móvil, que pinchan la luz que el currante paga religiosamente en pro de himnos que su existencia misma contradice).
No puedo librarme de algunas personas con las que mantengo contacto laboral. (pero puedo aprender cómo no he de ser, reír para no llorar, chotarme de esas nóminas de escándalo y esas poses, burlarme de esos burgueses que también se tiran pedos (con olor no precisamente a Channel), desconectar de ellos y compadecer sus tristes vidas).
No puedo dejar de madrugar (pero puedo contemplar los árboles de camino al trabajo, los pájaros sobrevolándome, hablar con los buenos compañeros y hacer un café de descanso).
No puedo hacer que pienses igual que yo (pero puedo aprender de ti y tu punto de vista opuesto).
No puedo evitar que mi madre se ponga enferma (pero puedo acompañarla al médico).
No puedo ir a Jamaica por vacaciones (pero puedo escuchar a Bob Marley y visitar de nuevo Andalucía).
No puedo ver un libro mío publicado (pero puedo mantener mi pasión por escribir).
No puedo hacer una paella (pero puedo pagarme unas tapas con los amigos y sé hacer unas ensaladas tremendas).
No puedo hablar inglés (pero puedo tararear las canciones de Coldplay y entenderlas).
No puedo leer todos los libros que quiero (pero puedo saborear cada línea de los que sí).
No puedo tener coche (pero puedo pasear con mi Vespa).
No puedo mandar a la mierda a algunas personas (pero son las más insignificantes de mi vida).
No puedo comprarme una casa (pero puedo encerrarme en mi habitación y soñar).
No puedo evitar sentirme triste algunas veces (pero siempre me queda una canción).
No creo en Dios (pero sí en los Reyes Magos).
No puedo hartarme de trufas (pero me encanta beber agua).
No puedo estar siempre contenta (pero tengo a mis sobrinos).
No puedo dejar de indignarme con las injusticias (pero puedo ser justa con los que me rodean).
No puedo ir siempre que quiero al Bernabéu (pero puedo cantar los goles del Madrid con mi hermano en su casa).
No puedo tener un perro (pero puedo respetar a los animales y ser incapaaz de matar una mosca).
No puedo olvidarme de la gente a la que he querido (pero puedo y hablaré de ellos siempre bien).
No puedo dejar de trabajar (pero puedo desconectar y salir antes si me lo gano).
No puedo tener aire acondicionado en casa (pero puedo abrir una nevera).
No puedo emanciparme (pero vivir con mi madre es un lujo).
No puedo tener a mi padre (pero puedo recordarle siempre).

07 julio 2008

Di no a las drogas_

Este fin de semana ha sido un desfase que aún estoy pagando.
El viernes, salida con los compañeros del trabajo, para llegar a casa cuando sale el sol naranja.
El sábado, boda. La boda. Probablemente, la primera que me da envidia sana y me hace replantearme mi repulsa a este tipo de celebraciones.
He bebido demasiado, he fumado todo lo que podía fumar. He dormido poco y de día.
Esta mañana se ha levantado un robot. Mi madre le dijo a mi hermana, cuando ella preguntó por mí, por teléfono: “Ahí está en la cama, sin moverse, imagino que estará viva”.
Mi vida ha dado un giro de 180 grados. Voy a ver si soy capaz de no marearme más y me pilla de pie tanto jaleo.

Disfrutemos de cada instante esta noche / como de las cosas que no vuelven más. / Quizás no será, no, tan fácil seguir corriendo, / mucho más lento si ando sólo la mitad. / Porque hay señales / que indican otra dirección, / mañana debo partir a otro lugar. / Hay señales que indican otra dirección, / mañana me marcharé para no volver jamás. / Deshojemos todos nuestros secretos, / contémonos lo que tengamos que contar. / Disfrutemos de este último encuentro / como de las cosas que no vuelven más. / Porque hay señales que indican otra dirección, / mañana debo partir a otro lugar. / Hay señales que indican otra dirección, / mañana me marcharé para no volver jamás. / No volver, no volver... / No volver, no volver... / Porque hay señales que indican otra dirección, / mañana debo partir a otro lugar. / Hay señales que indican otra dirección, / mañana me marcharé para no volver jamás. / No volver, no volver... / No volver, no volver...

DELUXE – Este último encuentro