30 agosto 2008

Será la edad_

Anoche pisé de nuevo una discoteca, el She, después de bastante tiempo sin hacerlo. La elección sólo se salvó por las perlas del Dj, David Guetta, en algunos momentos de la noche.
Para empezar, tuvimos un altercado con los que pegan que catalán, los mossos, porque nos pillaron bebiendo con una mísera botella de Ballantines. Mi amigo Ors se puso tonto y contestó al gafas de los mossos, que estaba aburrido. Justamente mi amigo, en ese momento, bebía una Coca Cola sin ni una pizca de alcohol y vaciló al tío con que probara un trago y lo comprobara, que él no estaba haciendo nada. Luego el tío le pidió el dni y yo ya vi que se liaba. Al final, recogimos el mediocre pseudo botellón y nos entramos en la guardería.
Una guardería, porque nosotros rebentábamos la media de edad. El dj residente era de fusilamiento. Pero los niños andaban locos y nosotros nos acodamos a la barra esperando con ansias de que apareciera el Guetta y nada más.
Garrulos y pijos mezclados en Vilassar de Dalt. Saltaban como locos con canciones insulsas, comerciales a más no poder, del estilo politono y nosotros nos negábamos a pensar en que, a los veinte, también habíamos sido así.
Pero reconozco que me tuve que reír. Primero porque un camarero que estaba buenísimo me invitó a un chupito y luego porque nos pegamos la previa riéndonos del gentío adolescente.
El Guetta salvó la noche a las 3.30, cuando ya empezaban a dolerme los riñones: Around the World de Daft Punk, la nueva versión de I need a Miracle, una versión tremenda de Infinity de Guru Josh, algunas suyas y unas remezclas impresionantes. Algunas electrónicas que dejaban a los niños apalancaos, acostumbrados a bailar cantaditas de sala B.
Lo que más me sorprendió fue ver cómo se construye una canción en directo. Porque, básicamente, el Guetta no pinchaba, colocaba bases, luego letras de otra canción, luego bajos… y montaba canciones que no existen. Y sin despeinarse. Alucinante.
Bueno, también hemos de reconocer que tuvo más de una “cabalcada”. Perdonable. Estuvo de muy buen humor, animando mucho, sonriendo (no me extraña, debía estar echando cuentas de la pasta que se iba a llevar).
Otra cosa llamó mucho mi atención. Reconocí, justo detrás de la cabina, a David Oleart, el dj residente que tantas buenas tardes y noches nos hizo pasar en Area Concor, en Sant Quirze. Un gordo, con pelo largo, hinchado, el vaso de cubata como una extensión de su mano, gritos y saltos… pasao de vueltas. Y ya va teniendo una edad… Ahora se ve que es residente del She. Qué pena daba.
En fin, una noche con risas, en compañía de los amigos y poco más. Sólo destacar que llegué a casa a las 6,30 destrozada. Las rodillas jodidas y un dolor de riñones brutal, como el que coge uno en los conciertos, de estar de pie y quieta. Pocas canciones me hicieron bailar, pero esos instantes me recordaron aquellos fines de semana, en el Dsigual, el Area o el Chasis, cuando llegaba a casa tan fresca, al salir el sol. ¿Será la edad?
Fragma - I need a miracle


29 agosto 2008

400!_

¡Entrada 400! ¡Quién lo iba a decir! Lo que empezó como una afición se convirtió en necesidad...
A lo que voy. La normalidad se instala y me atavala. El piso, estando de Rodríguez, repaso por allí y por allá. Por fin esta noche veo a mis amigos, aunque no al Carras. Antes de la discoteca unas birras y contarnos el verano y reírnos y hacer de la rutina algo mejor.
Vamos a ver a David Guetta, será la segunda vez, la primera fue en PACHA Barcelona. Es la excusa para reunirnos, porque este tío, últimamente, saca canciones muy lights, mariconadillas comerciales que luego se pinchan mil veces en todas partes. ¡Y el friki sale en su propio video leyendo un libro de trigonometría!

Love is gone…


¿Qué se hizo de aquella gloriosa cara B “Distortion”. ¿Por qué su mejor canción era una cara B? Es lo que tiene ganar tanto dinero. Uno pierde la perspectiva. Encima, el tema no tiene ni video.
Distortion…

27 agosto 2008

Otro prisma_

Acaban las vacaciones y vuelve a hacerse patente la tendencia que tenemos a adelantar los acontecimientos, generalmente imaginándolos mucho peor de lo que luego son en realidad. Justo en este periodo del año es cuando muchos de nosotros sentimos en realidad el inicio de un nuevo año, no marcado por el calendario oficial, pero muy intensamente tatuado en nuestras mentes.
Ahora es el momento de volver a empezar, de reiniciar, retomar decisiones o tomarlas por vez primera, con arrojo. Es el momento de las promesas, las esperanzas y el inicio de una monotonía que esperamos poder abandonar pronto, reinvirtiendo el orden de las cosas, añadiendo una pizca de novedad entre semana, planeando nuevas tareas que nos aporten otro tipo de cosas, alicientes.
Ahora, no en enero, vuelven las ansias de dejar kilos, aprender algún baile, autoconvencernos de que el otoño y el invierno no se alojan siempre en el Lado Oscuro. Pueden aportar otro tipo de diversiones, y, en definitiva, no son más que un diferente prisma a través del cual ver las cosas.
La cruda realidad del proletario nos devuelve a la oficina y al aposentarnos frente al ordenador, tenemos la sensación de que nunca nos hemos ido. Los viajes quedan extremadamente lejos y después de comer, ya no sentimos aquella imperiosa necesidad de echar la siesta. En nuestro cerebro ya hemos cambiado el chip, un sistema de autodefensa cuando las cosas ya no son de color rosa. Sin embargo, seguimos mirando de reojo por la ventana, contemplando con dolor el azul del cielo, sufriendo las altas temperaturas encerrados en urnas de aire acondicionado, teléfonos silenciosos y decenas de mails en la bandeja de entrada.
Los huecos en las mesas evidencian que algunos compañeros aún no han vuelto, pero poco a poco, los urbanitas volvemos a empezar, un año más, la ardua tarea de llevar pan a nuestras bocas, prostituyéndonos, regalando horas de nuestras vidas al capital.
Para desesperados, el kit de la desesperanza.
Ces’t la vie.

25 agosto 2008

La Giralda_

La Giralda de Sevilla. Altiva. Tan firme. Desafiante. ¿Simplemente el campanario de la Catedral?¿El alminar de la antigua mezquita?
La que espera. La que da la bienvenida. La que se recorta en el perfil de la ciudad, baja la vista y te descubre. Iluminada con y sin luz artificial. Patrimonio de la Humanidad desde 1987. Con el Giraldillo en la cúspide, estatua veleta de bronce (simboliza la Victoria de la Fe cristiana), en su momento la más alta del Renacimiento y del mundo.
Según la leyenda, los almohades le tenían tanto cariño que preferían derribarla antes de permitir que los cristianos se apoderaran de ella.

Siempre la he observado como un hombre observa a una mujer, dejándose seducir. Entonces descubro con una sonrisa que el monumento representa una mujer con túnica.

Un mosaico de culturas. Mestizaje.
Este verano he tenido la ocasión de volver a verla y no pasa el tiempo por ella.




GIRALDA
Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.
Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples —ay, Narcisa—, en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.
Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.
Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.

Gerardo Diego









24 agosto 2008

Hoy me quiero más que ayer_

Nunca podré agradecerles el hablar por mi boca con sus palabras. Y sentir dentro que me quiero de nuevo.
Ahora podría estar preparada y empezar a sentirme querida.
Puedo presumir de poco,
porque todo lo que toco se rompe...
Yo te prometí hacer deporte,
pero todo era mentira.
Puedo presumir de poco
porque todo lo que toco se rompe...
¡Y todo lo demás también!
Amaro, Iván y Xoel - Todo lo demás

22 agosto 2008

Suave Suave Su Su Suave_

La banda sonora de estas vacaciones, sonando en Sevilla, verano 2008 by: Rafa, Yaiza, Yanira, Yeray, Cristian y Pam.

18 agosto 2008

Espartinas, a otro ritmo_

Los últimos cambios producidos en mi vida me han empujado a unas vacaciones diferentes. Las he pasado en Andalucía, junto a mi hermana, mi cuñado, mis cinco sobrinos y mi hermano.
Mi hermana se ha comprado una casa en Espartinas, a escasos kilómetros de la ciudad de Sevilla. Se ubica en una urbanización llamada “Aires de Espartinas”, rodeada de higueras, cerca del pueblo y de un Mercadona donde todos van a comprar.
Después de un viaje de 13 horas en el coche de mi cuñado, llego al pueblo. Justo delante de la casa hay una piscina. No pasan coches, no se oye nada y la cama donde duermo es más cómoda de lo que esperaba dadas mis exigencias. Me acostumbro a la almohada rápidamente.
Duermo con mi sobrina Yaiza, que me roba la sábana cada noche y me dice “bona nit” antes de coger el sueño.
Con los cinco vales podemos ir a la piscina cada día. El sol nos taladra el cerebro. Desayuno en el patio interior, con el sonido de los pajarillos de fondo y el silencio del sueño de los vecinos. A los dos días me compro una libreta en una papelería del pueblo para escribir un rato. Me quito el reloj.
En la piscina comparto mi tiempo libre con mis niños, jugando en el agua, tomando el sol, escuchando la música de mi mp3 y leyendo “El Monje que vendió su Ferrari”.
La piscina es muy grande pero al agua está demasiado caliente. El horario es curioso: de 12 a 15.30 y de 17 a 22.
Tengo una lucha interna de pensamientos negativos y positivos. Las miles de conversaciones con mi hermana en la cocina, fumando un cigarro en el patio, me ayudan a despejar mi mente e intentar ver el vaso medio lleno.
Las familias hablan en andaluz y a veces me hace gracia ese acento tan peculiar que cambia en cuestión de pocos kilómetros, de pueblo a pueblo.
He adelgazado algunos kilos antes de llegar. Los recupero merced a los helados de chocolate Hacendado después de las siestas “purificadoras”, como las llama Xnem.
Mis sobrinos son mi verdadera terapia. Por las noches, cuando volvemos de dar un paseo o de cenar por ahí, nos sentamos en los sofás y vemos las reposiciones de Muchachada Nui en La 2. Nos reímos de los gags y adoptamos expresiones del programa. En el coche cantamos todos y no dejamos de reír. Mi cuñado da vueltas infinitas a las rotondas y nos salimos de nuestros asientos entre carcajadas.
Ponemos mesa para nueve y las porciones de pizza desaparecen en cuestión de minutos. Mi sobrino Cristian se apodera del zumo. Yanira come poco y Yeray no calla ni con la comida en la boca. Mi sobrino Rafa, el mayor, está pendiente del móvil. Se ha enamorado por primera vez y sale con una chica. Le escribe una carta que no sabemos si llegará antes que él a Barcelona. También le dibuja una caricatura de ella a partir de una foto.
Me levanto tardísimo. Desde el balcón veo los campos de higueras. Dos noches, los niños se cuelan en ese campo y recogen jugosos higos que a mi hermana la vuelven loca.
No hay ordenador, no hay radio, sólo vemos los deportes. Demasiado pendiente al móvil, no puedo evitar llamar al trabajo cuando recuerdo que me he dejado algo pendiente.
Fumo a razón de casi un paquete diario y miro las estrellas por las noches.
Escribo algunas de las cosas que me suceden mientras mi piel empieza a adquirir ese tono moreno que tanto me gusta.
Después de comer, cojo la Nintendo DS y hago torneos de Tetris con mis sobrinos, de los que casi siempre salgo vencedora. Yeray se pica y me gana algunas veces, entre gritos de victoria.
Una noche, nos sentamos en el parque que hay justo delante de la casa. Empezamos una sesión de fotos con mi cámara y los resultados son tremendos. Las muecas, los gestos…
Sin el aire acondicionado no podríamos vivir. Pero me reseca mucho la garganta. Pese al tremendo sol, a penas sudo. Pero la sequedad ha cuarteado los rostros de quienes viven en esas tierras. La mayoría tiene arrugas y luce un aspecto de mayor edad que los nuestros.
En Espartinas, el ritmo de vida se ha detenido. Pese a ser un pueblo clásico, sus habitantes son de todo tipo y cada vez lo pueblan más extranjeros y personas de toda España. Son familias que se trasladan, como desgraciadamente hará algún día mi hermana, para reencontrarse con la vida en calma, la tranquilidad, el silencio.

11 agosto 2008

Reiniciar_

Barcelona me vuelve a presumir de temperaturas bajas y cielo gris. Cada retorno a la ciudad es eterno. El primer día de vuelta siempre me hace un guiño de mala baba y se pone grisáceo para recordarme la cercanía de la vuelta al trabajo. Sin embargo, el moreno de mi piel le levanta la voz y le recuerda que aún quedan jornadas playeras y siestas.
Me pongo en orden deshaciendo la maleta y organizando mis objetos, mi correo y esas cosas que hablan de mí en esta habitación. De nuevo. La de siempre. Y fumo más y más y el remo de mis primeras incursiones en el yoga no ayuda.
Mi periplo vacacional me ha robado la soledad y la vuelta a la city me la devuelve, invariablemente. Aquí renace el anonimato y resucitan las maldiciones. Emprendo de nuevo la lucha por no anclarme en lo de siempre. Pero el cenicero siempre está repleto de los signos nicotinados de mi debilidad.
Recurro a mis terapias: la música, la adquisición de un nuevo libro que me evada, el intento por rebajar mis hambres y el pensamiento positivo impuesto a trompicones. El Paseo de Gracia me ha devuelto a Barcelona en mitad de la masa del turismo. Los títulos de La Casa de Libro me han mareado y he acabado optando por el que ya pensaba: “Las Venas Abiertas de América Latina” de Galeano.
Me he levantado temprano para sacar la moto y pasear de nuevo por el centro. Pese a las nubes, el bochorno es insoportable. Anoche no podía dormir y recurrí de nuevo a las pastillas.
Tengo varios planes para esta semana. Sin embargo, no puedo evitar seguir notando dentro una tristeza que sólo se ha borrado algunas décimas de segundo en Andalucía, junto a mis sobrinos.
Empiezo este retorno con el regreso a la ciudad. Pero necesito remontarme a estos días pasados en tierras del sur y hacer algunas reflexiones que irán más allá de las vivencias. He pasado esos días en Espartinas, Sevilla y Guadix junto a mi hermana, mi cuñada, mi hermano y mis cinco sobrinos.
Lo intento, de verdad. Pero aún no consigo sentirme bien del todo. Sólo rescato pequeños instantes de normalidad y descanso. La dureza del reinicio en soltería. La falta de la mano del amado, su apoyo, su amor, su incondicionalidad. No sé cómo se vive así, no lo recuerdo, por eso he de aprender de nuevo.
Necesito de nuevo el paracaídas del amigo que me libere, las risas que borran los temores y algo que elimine los errores y los recuerdos tan cercanos. Volver a sentirme en mi hogar y no temer. Sobretodo, dejar de sentir miedo.
Reiniciar, ahora sola.
Reiniciar - Los Piratas